Otra noche más. Oscuro, pero no del todo. Me sobran palabras como tiempo me falta. ¿O es al revés? No lo sé. Noches y días repetidos, domingos interminables. La misma sensación, las mismas ganas aumentando cada día más, la misma impaciencia, las mismas dudas, las mismas certezas.
Sigo esperando. Pero ¿qué es exactamente lo que espero? No lo sé. Quizás sea solo una imaginación demasiado creíble. O no. De cualquier forma, sin saber cómo ni por qué, he acabado en un trance lleno de sensaciones que jamás había sentido, palabras, juegos sin reglas, risas, voces, dolor de manos, imágenes y situaciones que aún no existen pero que son futuro. Pero también tengo miedo. Miedo de ser algo idealizado nada comparable con la realidad. Miedo a mí misma. Miedo a que en cualquier momento me despierte y me de cuenta de que era otra de mis fantasías, la mejor de todas, sin duda. Aún así, pese a todos mis miedos, me das fuerzas para que tenga ganas de probar, de arriesgarme. Puede que sea otra de mis equivocaciones, puede incluso que vuelva a tropezar y me dé de bruces contra el muro de siempre, el de mis limitaciones. Pero puede que no. Y mientras haya una posibilidad entre 46.000 yo voy a seguir en mis once, doce, trance... Sé que sabes de lo que hablo. Esto no está escrito, ya queda menos.
Cuatro, tres, dos, uno...